Por José Francisco Fernández Belda: En el mundo de la cocina hay probablemente ya muy pocas cosas que inventar, aunque para un aprendiz de cocinilla como yo, cada día trae una nueva sorpresa, que no descubrimiento ya que no hay nada nuevo bajo el Sol.
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Sin lugar a dudas, Internet es una excelente ayuda para explorar y encontrar nuevas recetas o aprender sugerentes presentaciones culinarias de alguien tan cocinilla como nosotros pero que se encuentra en las chimbambas, ese lugar indefinido y muy socorrido para situar a los ausentes. A ese señor escondido en nuestro ordenador y que sabe tantas cosas llamado Mr. Google, se le puede preguntar sobre las cosas que nos preocupan o que nos interesan y la mayoría de las veces nos ofrece un copioso número de sugerencias, en este caso de recetas. Es de esta forma en la que una amiga tropezó con esta en particular, me la envió por correo electrónico y puse manos a la masa, nunca mejor dicho porque se va a experimentar con hojaldre.
Los ingredientes para preparar unos sabrosos palitos rellenos y deslumbrar a sus amigos y familiares, inclusive suegra y cuñados, no pueden ser más sencillos. En esta ocasión el relleno del hojaldre va a ser doble. Unos palitos llevarán un paté del sabor que más les apetezca y los segundos “delicias de Teror”, forma fina de llamar al relleno de los chorizos típicos de esa Villa Mariana. Ambos rellenos se introducirán en sendas mangas pasteleras para facilitar el trabajo posterior. Eso sí, en mi caso, la calidad de los productos es cuidadosamente inspeccionada y catada por Bicho, el miembro más joven de la familia, de acreditada profesionalidad para esos menesteres como puede apreciarse en la foto.
Después de extender la lámina de hojaldre sobre la superficie de trabajo, con la manga pastelera se hará un cordón, en el primer caso, de chorizo de Teror. Se enrolla con la masa de hojaldre hasta que el relleno quede encerrado formando un tubo. Se corta longitudinalmente y después transversalmente para hacer los palitos, procurando sellar los bordes con el hojaldre para que no se rebose el relleno cuando estén cocinándose en el horno.
Se repite la operación anterior, esta vez con la manga pastelera que contiene el paté. Si se viera que el cordón de relleno ha quedado muy fino, se puede volver a repasar hasta dejarlo del grosor requerido. De nuevo cortar en trocitos, sellar los bordes e irlos colocando en la bandeja de horno, que por cierto habremos astutamente puesto a precalentar a unos 180º, sobre un papel especial para que no se pegue a la bandeja.
Con un hábil movimiento de muñeca, se pintan los palitos con huevo batido y un poco de leche, para que se doren pero no se quemen. Para su posterior tranquilidad, procurar que no les vean realizar esta maniobra con la brocha si no quieren acabar pintando el cuarto de los niños del color que tanto le gusta a su pareja. Por último, espolvorear con unas semillas de sésamo y al horno durante unos 15 minutos, hasta que el hojaldre se infle y se dore.
Ya sólo queda emplatar los palitos, separándolos por sabores. Antes de ofrecerlos a los comensales, recibir los merecidos elogios y que desaparezcan en un visto y no visto al más puro estilo David Copperfield, es conveniente, y en mi caso imprescindible, que Bicho dé su visto bueno al aspecto y al sabor. Por último, hablando de sabores, el relleno admite muchísimas variantes, tanto dulces como saladas, desde la sobrasada o la morcilla dulce al cabello de ángel o una compota de calabaza, por poner sólo unos ejemplos. La imaginación, si no al poder, al menos al relleno de los palitos.
Por José Francisco Fernández Belda ( jfbelda@teleline.es )
Ingeniero Industrial Superior
Graduado Social
Colaborador de GHCT-noticias.com


































